Las apariencias engañan. El común de las personas asume que cuando un sitio web tuvo un problema de seguridad, fue porque había una persona (hacker), normalmente en un cuarto oscuro de un distante país, estudiando el sitio web para encontrar una vulnerabilidad que le permitiera penetrar para robar información o usarlo con otros fines ilegales. Pero la realidad indica lo contrario.
En la inmensa mayoría de los casos no es alguien sino algo lo que ataca los sitios web.

Ataques constantes automatizados
Por economía de recursos y para maximizar ganancias, los atacantes confían en sistemas automáticos (llamados robots, o bots) que trabajan día y noche para identificar sitios web vulnerables y sacar provecho de ellos a escala.
Son ataques de oportunidad, automatizados, que se contraponen a los ataques dirigidos contra personalidades, bancos, medios de prensa, grandes empresas o gobiernos, que son mucho más elaborados y costosos. Pero, ¿por qué alguien se tomaría ese trabajo?
Los porqué de los ataques
La unión hace la fuerza: como el alcance y la capacidad de cómputo de miles de sitios web, sumados, puede resultar enormes, tomar control de cuantos más sitios web sea posible (a la mayor velocidad) resulta un negocio muy atractivo.
Una vez cumplido el objetivo intermedio de infectar un sitio web, los objetivos principales de los hackers pueden ser muy variados:
- enviar spam,
- mejorar el posicionamiento de ciertos sitios web en Google,
- dañar el posicionamiento de sitios web de la competencia en Google,
- ubicar avisos publicitarios de productos ilegales,
- infectar computadoras de quienes los visitan,
- penetrar en sistemas informáticos mayores (como de bancos o empresas de alta tecnología),
- tornar inaccesibles o dañar sistemas sensibles (como de gobiernos o empresas de servicios públicos),
- o hasta hacer dinero con la minería de criptomonedas.
Y todas estas tareas ilegales serían pagadas por usted y/o por sus usuarios.
Nos afecta a todos
Los sitios web de pequeñas, medianas y grandes empresas por igual son objetivos diarios.
Tarde o temprano algún sistema automatizado siempre intenta explotar vulnerabilidades en nuestro sitio web.
Cuando se conecta un servidor nuevo a Internet, estará bajo ataque en menos de 2 horas.
En 2026, una web promedio en Uruguay es atacada cada 20 segundos: más de 4.000 ataques por mes.
¿De qué depende el impacto?
Dependiendo del tipo de ataque que sufra un sitio web, hay 5 consideraciones principales que afectan el impacto en las empresas:
- si genera ingresos directos para la empresa,
- las protecciones con que cuenta para resistir,
- los respaldos con que cuenta para restaurarlo si cae,
- los vínculos con otros sistemas críticos de la empresa que puedan existir,
- la disponibilidad de tiempo y recursos económicos para restaurar o recrear lo perdido si el ataque tiene éxito.
Sobre el punto 4 es importante destacar que no siempre esos vínculos son evidentes.
Si su web se aloja en el mismo servidor que su correo electrónico, vulnerarla puede servir para ponerlo en riesgo.
Pero si su web está alojada dentro de su empresa, en un servidor conectado a la misma red que sistemas internos de archivo, gestión o producción, el peligro se multiplica de forma exponencial.
¿Qué hacer?
Lo primero es aceptar que nadie está a salvo.
Luego, corresponde evaluar el valor de lo que queremos proteger para cuantificar el riesgo potencial, y así planificar y ejecutar las acciones que sean más eficaces para nuestra realidad.
Los recursos económicos con los que se cuenta y el nivel de riesgo aceptable serán los determinantes, en última instancia, de la postura de seguridad a adoptar en cada caso.
Recordemos que normalmente a una empresa grande un ataque le saldrá muy caro, pero sobrevivirá. A una empresa mediana o pequeña, puede llevarla a la quiebra.
¿Tiene respaldos de su web?
¿Su sitio web es seguro?
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